El tren del 2021

Desde el 2016 en mi cabeza rondaba esa idea increíble de ser independiente, mi propio jefe y demás. El sueño guajiro de emprender y ser importante, millonario y hacer la diferencia en el mundo. Para el 2017 una serie de malas decisiones, con un toque de inmadurez, me llevaron a intentarlo.

Estaba desempleado y, aunque sabía lo que quería, no tenía ni idea de cómo hacerlo. Compré, con un gran amigo que ya tenía experiencia emprendiendo, tres dominios e hicimos un business plan. Íbamos a hacer una editorial digital: un sitio enfocado en contenido basura (o vergonzante) para tener tráfico y por tanto, publicidad. Otro sería más bien elaborado, mandé cartas a varios periodistas conocidos pidiéndoles una colaboración semanal, pro bono. Varios aceptaron. El tercer sitio sería el corporativo, dar soluciones editoriales y de contenido a diferentes organizaciones. No prosperamos. Hicimos números y necesitábamos dinero, inversiones (así nos enseño el IPADE, qué les digo) y tampoco lo conseguimos.

La realidad es que tanto G como yo necesitábamos ingresos seguros cada quincena y dejamos de lado nuestro emprendimiento por enfocarnos en la búsqueda de trabajo. Llegó y la cosa se estabilizó, más o menos.

Pasaron cinco años desde mi primer intento y llegué a este 2021 con tres cosas claras y necesarias para saber que sí funcionará cualquier tren:

  • Sólo harás mucho, pero acompañado harás más, y eso se llama confianza,
  • La mejor forma de hacer las cosas es haciéndolas, pero casi siempre necesitas inspiración,
  • Se necesita madurez para desaprender ciertas cosas.

Hablemos de confianza

La confianza se construye en dos sentidos, en lo que da y se recibe. En las expectativas que se tienen y en el compromiso adquirido. En la esperanza, confianza y presunción de ánimo. Tengo confianza para aventurarme a ciertas cosas.

En 2009 hice un buen amigo, R. Siempre me ha apoyado. Al menos una vez al año me dice que podría hacer otra cosa, además de mi trabajo estable, para cambiar el mundo.

Les presento a R.

Palabras más, palabras menos: cuando quería mi colección de sitios él me hizo los fierros, me apoyó con el diseño y confió en que sería un éxito. La vida siguió, dirigí un periódico y luego llegué a la universidad. Nunca usé bien los sitios. Pero R, siempre me ha instado a mejorarme, a que haga algo nuevo. Cosa que me pongo en mente, cosa que él comenta, apoya e impulsa. Es más, este sitio vive gracias a su amable colaboración.

Por ahí del 2013 conocí a otro ser que, él es AM. Le admiro su empuje y genio. Él dio uno de los módulos de mi primer creación académica: el primer diplomado en Transmedia.

El señor AM.

Luego de diseñar otro diplomado, para otra institución, y ahora en marketing digital, él se convirtió en pieza clave del éxito que ha tenido. Debo decir que los mejores comentarios de los alumnos se los lleva él. Hemos hablado muchas veces de hacer algo más, de crecer y crear, pero hasta la primera semana de enero no habíamos concretado nada.

Para finales del 2014 llegó a mi vida, pero de lejitos, M. Se que tenía empuje y AN siempre ha hablado maravillas de él. Me lo presentó, otra vez y en el 16 nos fallé un poquito.

Aplausos para M.

M tiene creatividad, visión y es talachudo como él solo. Le busca, se esfuerza y da lo mejor que puede. El señor sabe lo que hace, y además lo hace muy bien. Con él he construido algo que está trascendiendo y despegando.

¿Para qué les hablo de estos seres? Sencillo, porque les comenté una idea, mi inspiración… y dijeron que sí. No cuestionaron. Agregaron información, completaron la idea, pero encima de todo, confiaron en mí.

Y lo mejor, yo puedo confiar en ellos.

Inspiración

La inspiración llega de donde menos la esperamos. Y en esta ocasión fue el caso. Había recibido señales, pero la realidad es que para entenderlas, es necesario estar abierto, o al menos interesado.

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Siempre he querido hacer algo diferente y que sea atractivo. Claro que no inventaré el hilo negro, pero luego tengo buenas ideas. Por ejemplo, desde hace dos años tengo la idea de hacer algo –aún no sé que sea pero es relaciona a un contenido y es único–, y que sea tan bueno que la gente diario regrese para ver que es. Pero es solo una cosa. Debe ofrecer una experiencia única. Pero sigo pensándolo. Ya lo haré / haremos.

En fin, ahora la inspiración vino de una ex alumna. Tiene tantas ganas de salvar al mundo que aprendió a hacer sitios web, tomó un curso de marketing social y, gracias a su pasión por el tema, por el mundo y porque cree en su idea, va como la espuma.

Me inspiró mucho el camino que siguió. La transformación interna que tuvo, la introspección que hizo para descubrir su propósito, y realizarlo.

Como profesor, siempre he tenido alumnos me enseñan más de lo que yo puedo darles, es un cliché, ya sé, pero no por eso menos cierto.

El siguiente momento que acabó por empujar la serendipia fue 22, bueno, no el personaje, pero el mensaje: no vienes a ser o hacer –incluya cualquier adjetivo o sustantivo–, pero sí a ser y hacer, así solito, a secas. A ser lo que quieres.

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Siempre estamos esperando la siguiente gran oportunidad y, cuando esta llega, es una decepción. La realidad es que lo que te llena está ahí, enfrente de ti, esperándote.

Lo que tuve que desaprender

Crecí con la creencia que si trabajaba duro –o le chingaba– me iría muy bien. Siempre fui demasiado ñoño, sacar 10 aseguraba y garantizaba un trabajo. Me heredaron la creencia que si hacía lo previo tendría todas las oportunidades del mundo. Pues sí, pero la gran mayoría de las veces, no.

Un primer desaprendizaje vino durante el verano del 2020. Como todos, quería más dinero y ser más relevante. En realidad quería un puestote, y como me estaba dando mi crisis de los 40, quería echar mi último hail Mary. Entonces, el universo se alineó y ¡tómala! Me invitaron a participar en un proceso para dirigir la sección de noticias para un medio gringo que tiene presencia en México que se caracteriza por ser ‘disruptivo’.

Me interesó, dije que sí y entonces, otro golpe de realidad: “la situación de los medios en el mundo es precaria y el proceso no avanzará más”.

Hubo un momento durante el fatídico 2020 en el que pensé que ya no podría hacer más de lo que he hecho hasta ahora profesionalmente hablando.

Luego apareció el ser que hacer presidentes para tentarme otra vez: mucha lana, y las perlas de la virgen. Yo pensé que era para hacerme presidente, pero no iba por ahí: apeló a mi ego…

Pero aún no solucionaba mi inquietud: quería la gran dirección cuando tener el título no te hace algo y tampoco garantiza el dinero que supuestamente llega con él.

Así me quería ver.

El segundo desaprendizaje que tuve como revelación es bastante sencillo, pero lo entendí hasta los 37 y cacho: nos enseñan a poner todos los huevos en la misma canasta, a apostarle a un solo ingreso basado, tristemente, en el primer desaprendizaje.

Esto es, queremos generar cash del mismo empleo y en estos tiempos, la neta es que ya no se puede. Tengo un trabajo que me fascina, pero pues como mi querido coach me ha dicho por cinco años: haz tuberías nuevas que te traigan flujo.

Soy –somos– los únicos que podemos generarnos nuevas oportunidades y con ellas, nuevos ingresos.

El buen G me enseñó que lo bueno lleva tiempo y ese fue el tercer desaprendizaje: las cosas se hacen con calma. Soy intenso. Mi cerebro trabaja muy rápido y normalmente quiero que las cosas salgan inmediatamente. Es mi naturaleza, soy Aries, dirán los tarotistas. La paciencia nunca ha sido de mis fuertes, pero estoy desaprendiendo las prisas.

Pronto llegará el Tren.