Bernardo Flores Heymann

Yo y mis síntomas de la crisis de los 40

Hace un par de años el Dr. Zagal me dijo que me llegaría la crisis de los 40. Aclaró que no era precisamente en ese corte de años, sino que comenzaba a manifestarse por ahí de los 37 o podría tardar tanto como hasta los 43. Ya tengo 37. De hecho, estoy más cerca de los 38.

Me dijo que su crisis se manifestó en un cambio de timón en su vida, él podrá contarles más sobre eso. Me aseguró, además, que mi esposa notaría inmediatamente las señales. Al día de hoy, ella no ha dicho algo, pero yo percibo ciertas cosas sobre mí: soy más intenso y mucho más obsesivo con ciertas cosas. Comparto mis síntomas.

Síntoma 1: todo empezó con las plantitas

Durante la pandemia desarrollé un gusto especial por la plantas. Antes todas morían por falta de cuidado, incluso las suculentas. Sin embargo, en los últimos meses he aprendido a regarlas, fertilizarlas y remover la tierra. Mis hijas participan algunos de los días de jardinería transplantando yerbas, pero les molesta ensuciarse.

He aprendido que el agua con canela las fortalece y además, previene plagas. Luego, con los aceites esenciales las rocío una vez por semana con el mismo fin. Pero estas no me obsesionan tanto, solo me caen bien, y me relaja mucho. De hecho, ensuciarme las manos, a veces me hace creer que hago algo más que trabajo intelectual, ideas mías.

Pero con las plantitas, empecé a notar otros síntomas de mis obsesiones: por ejemplo, cierto tipo de arquitectura, los coches, y lo que hago y dejo de hacer con mi tiempo.

Este soy yo según mi esposa

Antes me atormentaba no llegar a ser ese que en mi fantasía debía ser, y ahora esos sueños de falso éxito se suplen por otras fijaciones más personales: vinos, cocina, tiempo solo, ejercicio.

Síntoma 2: la casa del patrón

Puedo ser muy complicado, pero al mismo tiempo, me gustan las cosas simples. Entonces, desde hace un año me empezó a gustar mucho el diseño de los espacios abiertos, sobre todo los lofts. Entonces en mis ratos libres me pongo a diseñar (según yo) cómo sería mi casa tipo loft.

En esta insaciable búsqueda de la perfección indago sobre terrenos y luego me doy cuenta que quizá puedo quedarme con una casa normal, común y corriente. No nací pobre, solo tengo gustos muy caros.

Luego, desde hace un mes comencé a aficionarme por las construcciones tipo hacienda. Pinterest es mi mejor amigo para estas últimas dos obsesiones.

El problema es que una cosa lleva a la otra: las haciendas terminan en ranchos y los ranchos mostrando cuántas caballerizas tienen construidas, además de bungalows, changarros y otros temas. Lo veo. Me emociono y entonces pienso en que para el rancho me hace falta un caballo. Uno negro para mí, un percheron para Eli y un par de potros para que crezcan con mis niñas.

Y llega el golpe de realidad: soy un profesor universitario, pagando una hipoteca a 25 años. Y esto me lleva al siguiente punto.

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Síntoma 3: los coches

Ya que en mi mente tengo un rancho, o hacienda, pienso en el coche. Hace 10 años quería un Infiniti, o un Audi, o un BMW. Ahora tristemente pienso en una pick up doble cabina para el rancho.

Y hace sentido, creo que un redneck vive en mi interior. Tengo cierta debilidad por la música country.

El principal problema es que pienso en la pick-up pero no tengo rancho, ni vivo en el interior, ni soy granjero. En realidad siento debilidad por dos tipos de coches manera muy específica: los convertibles bi-plaza, apodados por mi esposa como “levanta-chavitas”, o bien, los coches de papá.

Tengo especial fijación por el Mercedes Benz 450 SL de 1978, o un Pontiac Solstice.

En cuanto a los coches de papá, sí me refiero a los sedanes, por ejemplo, la última versión de Malibú que hubo en México me encanta, aunque el VW CC me resulta digno de fijación también, pero a lo que voy es que me gustan los coches de papá-papá, o sea de señor: quiero un Mercedes, pero no cualquier Mercedes, quiero el que parece lancha.

Síntomas 4 y 5: las canas y las motos

Las canas, junto con las patas de gallo y las manchas de sol en las manos también ya me traicionan. Las canas no me apuran porque se pierden un poco entre el pelo, pero ahora pienso ¿y si mejor las platino para que sí se noten? Quizá si acepto el paso de los años, la crisis no suceda jamás –me digo.

Las patas de gallo son inevitables y, con mi pantone, el sol me marca mucho más. Pero como eso no me afecta, las muestras del paso de los años, entonces tal vez, y solo tal vez, no tengo una midlife crisis.

El último tema que podría ser parte de los síntomas tiene que ver con las motocicletas. Me gustan mucho, creo que es es un tema heredado, y luego de mi fabuloso debut y estrepitosa despedida en el 2009 de una, siempre he querido otra, pero la esposa se niega aunque las hijas me apoyan. Ahora quiero alguna de estas dos:

Según Zagal sería muy notorio y querría hacer cambios radicales en mi vida y, fuera de mi interés por ser presidente, aún no siento esa necesidad. Bueno, solo cuando me desespero por el gobierno actual y quiero salir corriendo, pero luego me acuerdo de lo que implica y se me pasa.

¿Alguien que haya pasado por esto y que me comparta sus síntomas?